martes, 28 de enero de 2020

Ciudadano Kane (1941)


Ciudadano Kane (1941)

Titulo original: Citizen Kane

Género: Drama, Biopic (aclaración: de personaje de ficción, inspirado en uno real)

Director: Orson Welles

Intérpretes: Orson Welles, Joseph Cotten, Ruth Warrick, Dorothy Comingore, Everett Sloane

Nacionalidad: Estadounidense



Impresiones

Ciertamente reconozco que hay ocasiones en las que me veo sobrepasado a la hora de afrontar un artículo de blog sobre un ítem tan representativo. Me sucede en “Discos, música y reflexiones” cuando tengo entre manos un disco relevante, y es la sensación que tengo ahora en estos momentos mientras que tecleo las primeras líneas en Word sobre esta película.


“Ciudadano Kane” es una película inmortal, innovadora e impactante en su momento. Recuerdo que, cuando aún era un adolescente y cursaba los años de educación secundaria, en las noticias escuché que esta película se había hecho con el nº 1 en un ranking que se atrevía a clasificar las mejores películas de la historia. Y, como no podía ser de otra manera en un joven que tiene interés cultural y ha de comenzar a enriquecerse, sería una de las películas que más ardientemente esperaba ver. En aquellos días no tenía tradición (por edad) de comprarme cosas por mi cuenta y tuve que esperar un tiempo a tener un ejemplar de la película. No mucho después, formó parte de un ciclo de venta adjunta a algún periódico los fines de semana. Mis padres compraron dicho periódico a mi petición, y de esa forma logré el ítem.



Recuerdo acceder a ella con tremendo nerviosismo: ¡iba a ver la mejor película de la historia! Y, ¿saben?, lo difícil en un caso en el que tienes puestas tan altas expectativas, es que no te decepcione aunque sea ligeramente. Bien, pues aquí no hubo de eso. Desde su primer visionado me pareció una maravilla. No solamente por sus excelencias técnicas (siempre todo teniendo en cuenta su año), sino por la historia que nos cuenta y las interpretaciones sublimes que hay en ella. Puede ser que algún curioso joven que a día de hoy acceda a ella y no la visione con perspectiva, diga algo como “pues no es para tanto”, pero, reitero: lo que hay que tener en cuenta es su papel en su momento. Además, opino que es una película maravillosa y que se invita a un millón de visionados.

En la ficha inicial del artículo puse la opción de biopic, y en parte lo es, ya que Welles a la hora de crear el personaje de Charles Foster Kane se inspiró en el magnate Willian Randolph Hearst. Esto supuso intrigas al margen de lo estrictamente cinematográfico, que de hecho ha propiciado alguna película que desarrolla las reacciones de ese personaje real al enterarse del producto que estaba siendo elaborado por Welles.



A ver, vuelvo a advertir que yo no me corto a la hora de hacer SPOILERS en mis artículos a la hora de redactarlos, más allá de la zona spoiler del final, así que, si no quieren sufrir ningún destrozo de sorpresa que les pueda reparar el film antes de verlo, paren de leer y regresen cuando la hayan visionado para contrastar sus opiniones con las mías. Advertidos quedan. Argumentalmente la película nos narra la vida de cabo a rabo de un hombre. Desde su más tierna infancia hasta su muerte.



El caso es que la película se mueve a través de saltos temporales de manera magistral (como no se había hecho, o al menos a ese nivel de exigencia, hasta la fecha). Vamos del presente al pasado de forma minuciosamente elaborada, y va avanzando el metraje de forma ordenada en 2 niveles. La historia, si juntásemos los 2 niveles, abarca desde que el pequeño Charles está jugando en la nieve mientras que su madre recibe la noticia de ser millonaria (debido a que una mina, que recibe en pago de una deuda, está repleta de oro), hasta que, no y sí (no para el periodista co-protagonista y sí para los espectadores) se descubre el significado de la última palabra en vida que suelta por su boca el millonario Kane.

El hilo argumental, digamos contemporáneo a la narración, abarca desde que Kane fallece en su cama de su mansión Xanadu soltando una esfera de poblado nevado que tenía sujeta en su mano, hasta que el periodista que investiga el sentido de dicha última palabra, abandona su intención al no descubrir a qué se refiere (cosa que nosotros sí haremos en el último fotograma). El hilo argumental del pasado en regresiones, va desde la citada infancia nevada en Colorado de Kane, hasta el abandono del domicilio conyugal de su 2ª esposa.



Las entrevistas que hace el periodista a las personas cercanas de Kane durante la película nos trasladan a las escenas del pasado que van marcando la vida de Charles Foster Kane. Se entrevista con principal relevancia a 3 personajes, que son su contable Bernstein (excepcionalmente interpretado por Everett Sloane, dando vida al típico pelota que traga con todo y rinde pleitesía constante al que le paga), su 2ª esposa, la depresiva cantante Susan Alexander y su ex-mejor amigo Jed Leland.

Esas entrevistas nos llevan a los flashbacks de la línea temporal histórica, mostrando capítulos fabulosos en distintos registros, bien sea a nivel de espectáculo (cuando hacen la fiesta en el primer diario que adquiere Kane, con majorettes y con bravuconadas para declarar la guerra a España -esta fiesta claramente creo que inspiró a Scorsese para cierta escena de “El Lobo De Wall Street”-) o a nivel dramático, con incluso cierto toque de comedia (pongo el ejemplo al que me refiero: la escena en la que su primera esposa descubre gracias al competidor político de Kane la infidelidad de su marido y cómo reacciona Kane contra Gettys amenazándole de lograr que vaya a la cárcel -mítico ese “¡A Sing-Sing Gettys! ¡A Sing-Sing!”-).



En definitiva, y resumiendo para poner fin a estas impresiones iniciales, “Ciudadano Kane” es un cóctel perfecto de ingredientes de alta calidad: interpretaciones, factura técnica, dirección, argumento, polémica a su alrededor... Todo ello, con justicia, la convierte, no sé si en la mejor película de la historia, pero sin duda en una de las 10 mejores con total seguridad, en una de las 10 más influyentes y también en una de las 10 más innovadoras para su época. Para mí es sin duda una de mis 5 películas favoritas de todos los tiempos, que incluso es llamativa desde su peculiar trailer (otro claro ejemplo de innovación y que pocas veces ha sido copiado o repetido). Curiosidad: no se llevó el Oscar a la mejor película de su año; se lo birló “¡Qué Verde Era Mi Valle!”, otra gran película, pero para gustos, colores. Obtuvo varias nominaciones, pero solamente ganó la de mejor guion original, compartido por Welles con Herman J. Mankiewicz. Al menos...

Análisis

Dirección: Creo que es fácil afirmar que este fue el mejor trabajo de Orson Welles en la dirección. Este personaje mediático, ya tan relevante en aquellos días (después de la que había liado con su adaptación para la radio de “La Guerra De Los Mundos”), dio en la diana con esta película. Es quizás meternos en parte del subapartado de la factura técnica, pero hay que evidenciar que el uso de la luz y los contraplanos que realiza Welles fueron revolucionarios en aquel 1941. El ritmo de la película lo lleva de manera adecuada; de manera sorprendente, si reparamos en ello, nos damos cuenta que mantiene muy bien el pulso sin acelerarse y sin caer en lentitud extrema en ningún momento (otro punto más que suma en la maestría de la obra). Los planos generales son también acertados, incluso brilla cuando hay mucho actor o figurante en escena (los camerinos de la ópera ante el debut de su 2ª esposa, la salida de los juzgados en su 2ª boda) o los cenitales (ese vasto almacén de coleccionismo del protagonista que tiene en Xanadu de la escena final). Si Welles hubiera conseguido, no ya superar, sino igualar este ejemplo, estaríamos hablando del rey absoluto de la historia del cine. Se puso el listón muy alto.

Intérpretes: En esta película están todos geniales, pero destaco sobre todo al trío masculino compuesto por Cotten, encarnando al amigo crítico y conciencia de Kane (que terminan enemistados hasta la muerte por un asunto derivado de los líos de faldas y la moral de Kane), Sloane (repito, mayestático haciendo del clásico subordinado cepillo) y el propio Welles, que da lugar a un personaje arrollador en todos los sentidos. Realmente me supone muy gracioso su punto gañán y garrulo, que se puede ver en sus temperamentales reacciones cuando se descubre su infidelidad o cuando se lía a bastonazos con los reporteros o paparazzis que cubren la salida de los juzgados en su 2ª boda (cuando uno le dice que es del “Inquirer”, risas y ya se relaja). En el lado femenino brilla con especial intensidad Dorothy Comingore, como Susan Alexander, encarnando a esa pobre muchacha de clase media que tiene como sueño ser cantante, lo cual a la larga terminará siendo su pesadilla. Y, aunque su papel es menor, destaca la solemnidad, rectitud y aspereza que transmite Agnes Moorehead como la madre de Kane. Aunque su papel también es mínimo, me gusta especialmente Paul Stewart, haciendo de mayordomo jefe de la mansión de Xanadu. Pero se podría citar a todo el mundo, ya que aunque su paso sea fugaz en algún momento de la película, dejan su huella agradable; gente como Herbert Carter (editor del “Inquirer”, primer periódico que adquiere Kane al empezar a gestionar su fortuna) o Ray Collins (el senador Jim Gettys) por poner un par de ejemplos. Apunte al respecto de la interpretación, la mayoría de las actrices y actores eran debutantes en la gran pantalla.

Guion: La ya citada doble línea temporal que avanza entrelazada a la perfección, es lo que más destaca del planteamiento. En apenas 2 horas se consigue esbozar una vida de tal forma que tras realizar varios visionados me siga dando la impresión de que no me falta nada para saber todo de Charles Foster Kane. La película juega con el recurso fácil de darte la píldora de curiosidad al comienzo, sobre la famosa palabra “Rosebud”, pero realmente no reparas en ella hasta el final, ya que lo que te está narrando es de tanto interés, que aquí, como suele decirse en algunas ocasiones, lo que se disfruta es el viaje y no tanto el llegar al trayecto, que al final también llegaremos a él.

Factura técnica: Lo que más destaca de “Ciudadano Kane” es claramente el uso de la luz. Esos claroscuros que nos ofrecen Welles son historia con mayúsculas del cine. Welles fue un innovador en la técnica y es de lo que más debe la historia del celuloide a su persona; por ejemplo, de otro film notable de su filmografía “La Dama De Sanghai”, también es paradigmática la escena en el laberinto de espejos. Con Welles suele suceder eso: te quedas con planos, con momentos. En “Ciudadano Kane” nos encontramos con un ejemplo de perfección a la hora de representar o plasmar en escena lugares. Se me evocan varios mientras escribo (el jardín nevado de la casa de los Kane, la biblioteca del tutor bancario de Kane, las estancias de Xanadu, la redacción del “Inquirer”...). Es una de las películas donde más se agradece que sea en blanco y negro y donde mejor están aprovechados esos recursos, casi abrazando la factura de otro género (el cine negro me refiero) y adaptándola a este otro género de forma que le dé un carácter único y especial.

ZONA SPOILER

-Cuando se descubre la infidelidad de Kane con Susan Alexander, no solamente se produce la ruptura del matrimonio de Kane con la sobrina del presidente de los Estados Unidos, sino que hay varios efectos colaterales. La moralidad hipócrita del pueblo americano, al publicarse el lío de faldas, hace que la carrera política de Kane se vaya al cuerno. Además, su amigo Jed Leland se distancia de forma casi definitiva de Kane, ya que parece (impresión mía) que la película deja entrever que quizás el personaje interpretado por Cotten estaba enamorado inicialmente de Emily Norton y al ver lo sucedido, después de quizás haberse echado a un lado en su momento, no le perdona el devenir a Kane. Cotten se exilia a la redacción de Chicago de forma voluntaria y cuando en la ópera de esa ciudad se produce el debut de Susan Alexander, Jed tiene que escribir la crítica teatral de la actuación. Se emborracha y no termina de escribirla. Kane descubre la situación y al leer lo que comenzó a escribir Leland antes de quedarse dormido, ve que la crítica sobre la actuación de Susan es negativa. Kane la termina siguiendo la línea editorial de Leland y al despertarse este, tras saludarle, le despide sin más miramientos ni aspavientos. No volvieron a hablarse, si bien Kane en su soledad final en Xanadu intentó retomar el contacto, ante lo que Leland no respondió.

-La escena final, con el periodista dando por finalizada su investigación sin haber encontrado el significado de “Rosebud”, en parte nos da la moraleja definitiva (en un sentido doble que ahora explicaré) y da mucho que pensar. Se expone que quizás intentar entender a una persona por una sola palabra no es posible y que lo más importante es la exposición de toda su vida, que es lo que ha sucedido en estas casi 2 horas de metraje. Sin embargo, ver en el último fotograma quemarse el trineo infantil de Kane, y comprobar escrito en él la palabra “Rosebud”, demuestra que quizás sí es posible definir a una persona con una palabra: yo sintetizo que Kane fue un hombre que no fue feliz, por mucha riqueza que acumulase y que quizás, cuando fue separado agrestemente de ese trineo, fue cuando perdió la felicidad. Por eso, recurrentemente y de forma nostálgica, Kane evocaba dicha palabra que le retrotraía a los tiempos en los que fue realmente feliz: su infancia. Y anda que, a su particular modo, no habrán existido, existen y existirán Charles Fosters Kanes en este mundo que echen de menos los tiernos días de la infancia. Como ven, un tema bastante universal.

Escena favorita

Me gusta mucho la escena de bombo y platillo (nunca mejor dicho) de la fiesta en el “Inquirer”, pero creo que me voy a decidir por la famosa escena en la que se desvela la infidelidad de Kane. En esta escena melodramática (que de hecho así define la situación “Charlie” a Emily en el portal del apartamento de Susan), hay lugar para unas interpretaciones excelentes y solemnes. También hay espacio para el histrionismo, melodramático por parte de Susan, y brutal por parte de Kane amenazando a Gettys a medida que este va bajando las escaleras. He hecho referencia muchas veces en el artículo a esta escena y por tanto es coherente que me quede con ella.

Artículo escrito por Víctor Prats (DMR)

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