miércoles, 12 de febrero de 2020

Lost in Translation (2003)


Título Original: Lost In Translation

Género: Drama.

Director: Sofia Coppola

Intérpretes: Bill Murray, Scarlett Johansson, Giovanni Ribisi, Anna Faris.

Nacionalidad: Estadounidense.




Impresiones

Tirando de memoria me transporto a Marzo de 2004, cuando hice plan para ver esta película con mi buen amigo Víctor Prats. Fue realmente frustrante ver cómo haciendo gala de un extraño despiste, nos dijeron que la película ya no estaba en cartelera. Es lo que tiene procrastinar, aunque no recuerdo muy bien por qué nos demoramos. En realidad por motivos trágicos y viviendo en Madrid, ese mes recuerdo otras cosas.


Lost in Translation tuvo buen recorrido en taquilla y notable repercusión entre el público. Por un lado, Sofia Coppola volvía después de haber dirigido la interesante “Las Vírgenes Suicidas” y parece que se avecina un talento incipiente dentro cine independiente. La mezcla del reparto era también de los más interesante. La película encontraba sustento en la química entre Bill Murray y Scarlett Johansson, entre los que median treinta y cuatro de edad. Ya habrá tiempo para hablar de ello, pero sea amor o amistad la relación entre ellos, siempre queda dentro de los sutil.



De Bill Murray ya conocíamos muchas cosas. Sus comedias ochenteras como “Cazafantasmas I y II” (1984 y 1989), “Los Fantasmas Atacan al Jefe” (1988), “El Pelotón Chiflado” (1981); su magnífico trabajo en la gran “Atrapado en el Tiempo” (1993), o su inmersión en el cine independiente de la mano de Wes Anderson (larga colaboración, por cierto) con “Academia Rushmore” (1998). Era actor conocido y querido, aunque nunca del todo reconocido. Su semblante taciturno y sus maneras maduro otoñal desorientado es una marca de agua de Lost in Translation y, además, una de sus principales bazas. Se trata de un actor excéntrico, entrañable y talentoso.

Scarlett Johansson era una estrella que estaba empezando a refulgir con un brillo electrizante. No es necesario remontarse a “El Hombre que Susurraba a los Caballos” (1998). “La Joven de la Perla” y “Lost in Translation” fueron dos aldabonazos en toda regla al mundo de Hollywood. Lo de después es de sobra conocido; tres películas con Woody Allen (ojo a la portentosa “Match Point” -2005-), “El Truco Final” (2006), sus encarnaciones de La Viuda Negra en la saga de Los Vengadores… Hasta coronar en el tiempo presente un año de fábula, que incluye dos nominaciones al Óscar por “Historia de un Matrimonio” y “Jojo Rabbi). Se trata de una actriz singularmente talentosa que está acabando de coronar lo que ya se preveía hace mucho.



Soffia Coppola, por su parte, acumulaba méritos para que su ilustre apellido no fuese un lastre. Después de cabrear (literalmente) a muchos por su aparición en “El Padrino III”, esperó a final de los noventa para dar cumplida muestra de su talento. “Las Vírgenes Suicidas” tuvo un buen reconocimiento de la dupla crítica-público, reconociéndose como un buen debut. “Lost in Translation” fue la patada en la puerta definitiva”. Se llevó el Óscar al mejor guion original y fue nominada a mejor directora. Habida cuenta de que fue el año que “El Retorno del Rey” arrasó con doce Óscar, podríamos decir que fue un buen resultado. Sofia demostró tener una voz propia y un lenguaje cinematográfico muy bien desarrollado. Con treinta y dos años mostraba una capacidad de reflexión inaudita y una nada desdeñable capacidad para generar atmósferas emocionales.

“Lost in Translation” es una película que genera opiniones diametralmente encontradas. Tiene bulliciosos seguidores y furibundos detractores. Yo me encuentra cerca del primer grupo. Los detractores traen a colación el ritmo lento, las pausas, la supuesta frialdad, el aburrimiento. Aunque ahora pasaremos a desgranarlo, no puedo estar más en desacuerdo. Me parece una película tremendamente emocional, que con sus silencios y laconismos consigue que las zozobras de los personajes sean aún más hondas.

En fin, servidor tuvo que esperar a un visionado doméstico para disfrutar de “Lost in Translation” y, poco a poco, con sucesivos revisados acabar rindiéndose a una obra de una extraña melancolía que, paradójicamente, a ratos insufla ganas de vivir. La emoción se va filtrando, horadando, haciendo mella poco a poco, a cambio de tener un poco de paciencia. Seguramente ya la hayan visto, pero nunca está de más darle otro visionado.



Análisis

Dirección: Con Sofia Coppola uno sabe que ritmo va a encontrarse; el ritmo cadencioso, lento, reflexivo. Transmite del mismo modo con un lacónico pero significativo diálogo que, sobre todo, con la sugerencia de la imagen. No son pocos los que hablan de los “tiempos muertos” de Lost in Translation, sin embargo, se me hace difícil imaginar otra forma de contarlo. Nunca, no obstante, se pierde en el onanismo o la autocomplacencia inane, los personajes se van dibujando admirablemente y según van pasando los minutos nos vemos cada vez más compelidos a la emoción. Maravillosa la conjunción de las grandes panorámicas de Tokyo, bien a pie de calle o bien desde ventanales de hotel, con la vaporosa banda sonora. La extraordinaria atmósfera de “Lost in Translation” difícilmente ha sido siquiera igualada por su directora. Pero pueden encontrar un buen anticipo en su predecesora, “Las Vírgenes Suicidas”.

Intérpretes: Juntar a dos actores tan idiosincráticamente opuestos como Bill Murray y Scarlett Johansson podría haber sido un experimento desastroso, pero felizmente el resultado es una conjunción única. Scarlett Johansson interpreta perfectamente a Charlotte una joven recién casada con un profundo sentimiento de desorientación, no del todo contenta con el rumbo de su vida; es muy duro el peso que lleva, a su edad se encuentra ya totalmente confusa y no particularmente satisfecha con su matrimonio. Scarlett interpreta aquí con la mirada, a veces triste, a veces resignada y compone un personaje inteligente, a la deriva y atractivo en todos los aspectos de la palabra.

Se complementa milagrosamente con Bob, esto es Bill Murray, otro naufrago que llega a Tokyo confuso, y cuya confusión aumenta (dulcemente) al encontrarse con Charlotte. Bill Murray hace una interpretación elegantísima y transmite cierta ambigüedad emocional; a veces no somos capaces de identificar si está triste o contento. Esa contención a veces amenaza con desbordarse, pero adivinamos perfectamente que la procesión va por dentro. La complementación de ambos intérpretes es ajustada, se establece una química imbatible que a la larga acaba siendo uno de los ganchos (acaso el que más) de “Lost in Translation”. Son como guante y mano, perfectamente ajustados.

Guion: Gente perdida en si vida, que a su vez se encuentra perdida en Tokyo. El paradigma de la crisis existencial somatizado en la visita a una urbe de millones de personas donde no hablas el idioma. La simbología es de lo más efectiva. Además, Bon y Charlotte tienen insomnio. Demasiadas coincidencias entre los dos, salvo por la edad claro. “Lost in Translation” es la crónica de unos cuantos días que para sus protagonistas serán más significativos que años de existencia anodina. Bob quiere sentirse también algo más joven también, y Charlotte encontrar su sitio. Acaso ambos sean el antídoto de los males del otro. Sofia Coppola escribe con aparente sencillez esta historia de rumbos a la deriva dentro de una desconcertante megalópolis. Si conectas con la historia a medias, llega hasta el fondo. Sofia Coppola obtuvo el Óscar al mejor guion original.

Factura Técnica: La ciudad de Tokyo está filmada con una belleza desoladora, como si fuera el laberinto más iluminado del mundo. Buena fotografía, con unas imágenes sencillas pero memorables. El acabado tiene algo de cine independiente, sin aditivos o adornos superfluos. En todo caso, siempre es elegante. La música está estupendamente seleccionada y forman una afortunada unión con la parte visual. Excepcionales las canciones de My Bloody Valentine, The Jesus and Mary Chain o Air. En conjunto, un gran sentido de la atmósfera.

ZONA SPOILER

-La omnipresente cortesía oriental es tan encantadora como algo arrolladora. Ya desde el inicio Bon se siente algo confuso a pesar de tanta amabilidad.

-Hacer anuncios de whisky es un pobre sustitutivo de la actuación para un actor como Bob. Su vida hacer aguas por varios sitios, empezando por su matrimonio. Suponemos que la rutina acaba haciendo mella. Como ejemplo de ese aburrimiento vital, véase la “transcendental” decisión sobre el color de la moqueta.

-Charlotte se siente ninguneada. El trabajo de su marido determina gran parte de su vida (por ejemplo, viajar a Tokyo) y no recibe mucha atención por su parte. Su carrera de filosofía tampoco augura un futuro profesional particularmente rumboso, pero denota idealismo e inteligencia. No es para nada un personaje feliz.

-No toda la película es melancólica y circunspecta, hay momento como el del anuncio de whisky Suntory en que Bill Murray aporta un humor sosegado y, sin embargo, estrafalario.

-El encuentro en el bar del hotel entre Bob y Charlotte es magnífico. Diálogos breves pero inteligentes y brillantes, además de una evidente conexión en circunstancias y pareceres. Ambos encuentran un punto de escape en una ciudad tan mastodóntica como avasalladora y, cómo no, fascinante.

-El insomnio como angustia vital, jet lag, o a saber qué. Cuando Charlotte se duerme en el taxi de regreso al hotel, algo ha cambiado (a mejor).

-La escena del karaoke no solo es de las más recordadas sino que probablemente de las más imitadas. No es mala selección de artistas: The Pretenders, Bryan Ferry, Sex Pistols, Nick Lowe o Elvis Costello (dependiendo de la versión de “Whats so Funny About Love Peace and Understanding” .
-Que Bob se acueste con la cantante de jazz del bar del hotel es un hecho que nos habla de la naturaleza de los sentimientos que han surgido entre Bob y Charlotte. Ella se muestra visiblemente celosa, y en su siguiente encuentro lanza una serie de miradas cargadas hasta las trancas de reproches. Por no mencionar esta nada amistosa pulla: “Al menos ella es de tu edad”. Bob en absoluto parece orgulloso. Podría llamarse amor lo que hay entre ellos.

Escena favorita

-Los minutos finales de la película constituyen otra de las partes más recordadas. Cuando parece que ya hemos visto la despedida definitiva y Bob se monta en el taxi para llegar al aeropuerto, ve a Charlotte entre la multitud y dice al conductor que pare. Y llega de inmediato la despedida de verdad. Queda para el recuerdo y para la especulación lo que le dice Bob a Charlotte al oído antes de marcharse. Ni siquiera Sofia Coppola lo sabe y el taimado Bill Murray, que lo improvisó, dice que no se acuerda. Hay vídeos en Youtube subidos por entusiastas lectores de labios que creen dar con la solución; el que más visitas acumula (si es que eso sirve de algo) sostiene que dice: “Me tengo que ir, pero no dejaré que eso se interponga entre nosotros”.
Sea como sea, Bob vuelve a montar en el taxi mientras suena “Just Like Honey” de The Jesus and Mary Chain. Su cara es un poema y nosotros tenemos el corazón en un puño.



3 comentarios:

  1. Excelente artículo. Una de mis favoritas y que sin duda sirvió de pauta para algunos pasajes de mi viaje a Japón de hace unos meses. Enhorabuena.

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    1. Muchas gracias Víctor. Todo un peliculón, ciertamente ;)

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  2. Excelente tu artículo, parece que somos varios a los que nos ha calado hondo el film.
    En la versión doblada al latino, traducen la parte no audible como....quiero que sepas que nunca me voy a olvidar de todo esto....

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