martes, 10 de marzo de 2020

EL Bueno, El Feo y El Malo (1966)


Título Original: Il Buono, Il Brutto, Il Cattivo

Género: Western, Spaguetti Western

Director: Sergio Leone.

Intérpretes: Clint Eastwood, Eli Wallach, Lee Van Cleef, Aldo Giuffré

Nacionalidad: Coproducción Italia-España- Alemania Occidental.



Impresiones

En los años 60 una nueva forma de hacer western asaltó la banca. En algún sitio he oído que Europa tomó el relevo de Estados Unidos con este género, pero en realidad los yankis no llegaron a marcharse nunca (Sam Peckinpah). Principalmente esta nueva forma de Lejano Oeste se dio en Italia y cumplía con todas las máximas del posmodernismo. Esto es, moverse entre el homenaje y la ironía; deconstruir los elementos y construir un armazón y un tono distinto.




Se trataba de un estilo muy formalista, donde el cómo se cuenta era tan importante o más que lo que se cuenta. Muchos de sus recursos ya los conocen: primerísimos planos, importante alargamiento de las escenas, personajes lacónicos, violencia, situaciones macabras o morbosas, un extraño sentido del humor…  Realmente suele haber un fuerte debate, desde hace décadas, entre los fieles al clasicismo de los Ford, Mann o Hawks (p.ej) y los que son devotos del spaguetti western. A título personal, que haya una elección forzosa me parece nefasto, más allá de los gustos personales, y disfruto del género en cualquiera de estas dos vertientes generales (y simplificadoras).



El director más conocido del género, o subgénero, es Sergio Leone. Leone es como si hubiera llevado al extremo todo el manierismo y el espíritu barroco que pudiera tener este tipo de western. Hay algo operístico entre tanto polvo, suciedad, ponchos mugrientos y tagarninas a medio fumar. Su Trilogía del Dólar es un muestero clave para el desarrollo y conocimiento de este Oeste a la italiana. Comenzó con la inspiración japonesa de “Yojimbo” (1961) que dio lugar a “Por Un Puñado Dólares” (1964) y continuó con la exitosa “La Muerte Tenía un Precio” (1965), para finalizar con “El Bueno, El Feo y El Malo” (1966).

“El Bueno, El Feo y el Malo” sube la apuesta de las películas anteriores de la trilogía. Evidentemente hay medios, pero también el tono es más teatral, las situaciones se alargan hasta el delirio y todo parece una especie de ópera de los desarrapados. Por no mencionar el exacerbamiento del manierismo macabro. Ya sé que todo esto, dicho así, no da una idea muy apetitosa del manjar que supone esta película, pero tengan en cuenta que se trata de una apuesta estilística excepcionalmente concreta y, a menudo, radical. Lo tomas o lo dejas. Yo compro, pero sin renunciar a mi perdurable amor por el western clásico.
El spaguetti western en general y “El Bueno, El Feo y el Malo” en particular tienen además una relación intensa con España. El ya famoso Desierto de Tabernas (Almería) acoge una buena porción de los pasajes más áridos (en cuanto a clima y a aspecto, se entiende). También se pueden ver parajes granadinos, y burgaleses, donde la filmación de la película ha dejado huella (para sitios concretos ver zona spoiler) y memoria. Para comprobarlo vean el documental “Desenterrando Sad Hill” (2016), que fue merecedor de premios en Sitges, en los Goya, y en los Forqué.

Reconozco que este tipo de cine puede que no sea un amor a primera vista, y que se trate más de un gusto adquirido, pero si se consigue entrar en el género, el amor que produce suele ser duradero. La influencia que tuvo, y sigue teniendo, es oceánica, sirviendo de ejemplo muy obvio (pero esclarecedor) el embeleso de Quentin Tarantino con el spaguetti western. Nótese en el principio del segundo capítulo de Kill Bill (2004) o en “Django Desencadenado” (2013). Estas producciones italianas (o españolas, tuvimos a Romero Marchent , p.ej, como director de este tipo de western; lo que se denominó paella western, o chorizo western) son más de culto, que canónicas o clásicas. Sin embargo, su rara belleza sigue creando, tiempo después, auténticos. devotos.

Por mencionar un poco el argumento, recuerden que tres tipejos de mala y peor calaña como Rubio (Clint Eastwood, El Bueno), Tuco (Eli Walach, El Feo) y Sentencia (Lee Van Cleef, El Malo), van detrás de un cargamento de oro de la Confederación, durante la Guerra de Secesión. El problema es que todos se necesitan entre sí para llegar al lugar donde está escondido, iniciándose así una extraña colaboración.




Análisis

Dirección: Sergio Leone y sus mandamientos otorgan el resultado final de la película. Ritmo lento pero intenso, manierismo a mansalva, primeros planos. Es muy propio de Leone hacer estrecha la frontera entre el barroquismo operístico y la versión más sórdida y agresiva del Oeste. No fue el único, ahí están Sergio Corbucci o Enzo G. Castellari, pero sí el gran profeta. Leone coge sus propias pautas y las eleva todavía más. No deja de ser formalismo puro. Un siguiente paso adelante fue, fuera ya de la Trilogía del Dólar, “Hasta que Llegó su Hora” (1968), donde quizá hay una mayor prospección psicológica. Un puro ejercicio de estilo, que guste o no, está ejecutado precisión.

Intérpretes: Las actuaciones se mueven por arquetipos. Clint Eastwood interpreta a su férreo personaje clásico de este tipo de película. Ya saben, mirada impasible, un cigarro a medio fumar, guardapolvos, poncho, talante frío y duro. Al igual que en las películas anteriores, no se le da nombre concreto y se le atribuye el apodo de Rubio (El Bueno). Eli Wallach es el contrapunto, y además un personaje muchos menos identificable en los westerns de Sergio Leone. Interpreta a Tuco, que se define por una verborrea casi diarreica, una picaresca a niveles radioactivos y cierta capacidad para enervar. Finalmente Lee Van Cleef es otro personaje lacónico, incluso más agreste que Rubio y quizá con menos escrúpulos. Que le llamen Sentencia explica muchas cosas.

Todos cumplen perfectamente su cometido, tal es el mejor halago que se puede hacer en este aspecto a “EL Bueno, EL Feo y EL Malo”. Las actuaciones son instrumentales, un medio que utiliza Leone para conseguir que el producto final tenga un acabado concreto. La sequedad de estos actores parece hecha a molde para las necesidades del spaguetti western. Incluso Tuco, aunque Eli Wallach sobreactúa y a veces es un plomo, aporta un estilo indispensable para que la película sea como es.

Guion: Una de las consecuencias del tan traído y llevado manierismo del spaguetti western es que esta historia se podía haber contado en mucho menos tiempo. En sí misma, la historia es bastante simple: tres trúhanes en busca de un cuantioso botín de monedas de oro. Sin embargo, ya hemos dicho que Leone alarga las situaciones, tensándolas a veces hasta su límite. También habrá que reconocer que hasta que la historia se encauza y encuentra su origen pasa bastante rato. Afortunadamente la alternativa que nos ofrece Leone no es aburrida y va dejando desperdigadas un buen rastro de pequeñas genialidades. Otro aspecto interesante es el talante desmitificador de los personajes. Todos engañan y traicionan: todos son avariciosos. Uno no se imagina a John Wayne o a Gary Cooper comportándose como East, Wallach o Cleef. Aunque “Veracurz” (1954), precisamente con Gary Cooper se considera un antecedente del spaguetti western. Además, respecto al western tradicional se ahonda en la violencia y en los tintes macabros. Así pues, que nos guste este tipo de westerns implica aceptar o no ciertas decisiones temáticas.

Factura Técnica: Algunos rasgos son universalmente conocidos. ¿Quién no asocia esos interminables primeros planos con este tipo de películas? Por no mencionar el aspecto árido y especialmente desértico (más de lo habitual). Leone reparte situaciones vistosas, no solamente por la ejecución sino por concepción, por la simple idea. Sonoramente hay elementos muy relevantes. Evidentemente la primera de ellas es la banda sonora de Ennio Morricone, obra que ha pasado al imaginario colectivo y se ha instalado en él de forma definitiva. Su sonido filoso, rudos y misteriosos coros, y los desafiantes acordes de guitarra eléctrica y harmónica son especialmente característicos. Muy célebre es el mítico tema L’Estassi Dell’Oro. Los efectos de sonidos siempre están a un volumen característicamente alto, los disparos suenas como auténticos truenos.

ZONA SPOILER

-La presentación de los personajes nos deja claro que ninguno de los tres es un santo. Particularmente larga es la presentación de Sentencia, probablemente porque de ella parte la iniciación de la historia. Feos no sé, juzguen ustedes, pero no hay diferenciación entre buenos y malos. Son todos peores que la quina.

-Ciertamente la idea de romper la soga en el último momento y luego repartirse la cuantía de la recompensa es una idea muy original de ganarse la vida en el viejo oeste, pero cuidadín si tu socio es Clint Eastwood.

-Primer momento en que la acción se dilata. La presentación del personaje de Sentencia. Antes de matar a su víctima ambos se ponen, literalmente, a comer y tienen una larga charla. A pesar de que sabemos cómo va a acabar todo.

-Tuco es el personaje más complejo emocionalmente. Se puede ver en su breve encuentro con su hermano en el convento. Puede parecer un descastado, pero se nota en sus ojos una mirada de lástima por el destino de sus padres y quizá por su hermano. También se nos explica la difícil infancia del personaje.

-La voladura del puente parece ya parece el culmen del manierismo explosivo de la película, pero hubo que repetirla por problemas en la grabación… teniendo que reconstruir el puente.

-Es interesante ver el documental “Desenterrando Sad Hill” para hacerse una idea de los que supuso el rodaje en algunas partes de España. Nos habla de la reconstrucción del cementerio ficticio de Sad Hill con motivo del 50 aniversario del rodaje de la película. Esta construcción está situada dentro de los límites de Contretas y Santo Domingo de Silos, provincia de Burgos.

Escena favorita

-Precisamente es la del cementerio de Sad Hill, en el final de la película. El duelo a tres es de una tensión acogotante, y el desarrollo de la escena tenso y bien construido. Desde la tumba de Arch Straton, donde no está enterrado el tesoro, hasta el final con Tuco en la horca y Clint Eastwood cortando la soga de un disparo. Da igual si es efectista, es un final a la altura de la leyenda de “El Bueno, El Feo y El Malo”.






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