martes, 21 de mayo de 2019

Sin Perdón (1992)


Título Original: Unforgiven

Género: Western

Director: Clint Eastwood

Intérpretes: Clint Eastwood, Morgan Freeman, Gene Hackman, Richard Harris

Nacionalidad: Estadounidense.



Impresiones

El western no es que se ha ido nunca del todo, pero ha pasado por fases muchas brillantes que otras. A finales de los ochenta y principios de los noventa digamos que era una de esas fases no particularmente brillantes, pero dos películas pusieron de nuevo sobre el tapete el salvaje oeste. En 1990 llegó “Bailando con Lobos”, un excelente debut de Kevin Costner en la dirección que sorprendió a espectadores y críticos de todo el orbe. La otra película fue “Sin Perdón” (1992), igualmente un éxito de taquilla y crítica.


“Bailando con Lobos” tenía una vertiente más humanista, estaba plena de idealismo en lo referente a la amistad entre indios y rostros pálidos. “Sin Perdón”, por su parte, era una película henchida de oscuridad y desmitificación, abundante en antihéroes y con un tono más recio. Ambas son dos películas extraordinarias pero hoy nos centraremos en “Sin Perdón”, uno de mis westerns favoritos.

A Clint Eastwood muchos le describen como “el último clásico” o con atributos semejantes; pero esto es bastante relativo. Clint Eastwood ha dirigido varios westerns y en todos ellos bullen efluvios desmitificadores, ásperos, oscuros. Así, por ejemplo,  “Infierno de Cobardes” (1973) tenía un laconismo casi heredero del spaguetti western; “El Fuera de la Ley” (1976) destila una buena dosis de amargura y venganza; “El Jinete Pálido” (1985) era una lúgubre recreación de “Raíces Profundas”; finalmente, “Sin Perdón” fue la culminación de todo este oeste un tanto maldito.



En “Sin Perdón” el protagonista no es un sheriff, ni un ganadero defendiendo sus tierras, ni tampoco es de la caballería. Es un asesino, ya retirado, que en su juventud fue un criminal verdaderamente sanguinario, capaz de asesinar a mujeres y niños. Vive con sus hijos en una pequeña granja y recientemente ha enviudado de una mujer que consiguió transformarlo y rehabilitarlo. Este hombre es Will Munny (Clint Eastwood) que cuando cree haber dejado su pasado atrás es encontrado por un joven cazarrecompensas (Jaimz Woolvet) para ofrecerle un negocio. Matar a unos vaqueros que han agredido brutalmente a unas putas en el pueblo Big Whiskey. En este caso la recompensa la ofrecen las propias putas, y  la recompensa se la repartirán entre Will y Kid (el cazarrecompensas). Will insistirá en llevar a Ned (Morgan Freeman), su antiguo socio.



¿Se imaginan a John Wayne o a Gary Cooper en uno de estos papeles? Estos personajes de “Sin Perdón” no tienen la nobleza de los western clásicos, son esencialmente asesinos que se reenganchan a su antiguo trabajo. Este hecho y que el desarrollo de la película sea, a ratos, cruel y descorazonador es el que me lleva a decir que no el del todo exacto decir que “Sin Perdón” beba del western clásico. Un hecho significativo es que la película esté dedicada  Sergio Leone y a Don Siegel. Del primero hereda su visión desmitificadora y del segundo el oficio y quizá la puesta en escena.

Por cierto, que si para poner un poco de luz en esta historia creen que  pueden confiar en los defensores de la ley van listos. Little Bill (Gene Hackman), el sheriff de Big Whisky, es un cruel expistolero con delirios tiránicos. Bienvenidos a uno de los westerns más oscuros y apasionantes de la historia del cine.



Análisis

Dirección: Desde un punto de vista personal es mi película favorita de Clint Eastwood, ya bien sea como director o refiriéndonos a cualquier otro menester. Eastwood refina sus anteriores westerns, con un ojo puesto en “El Jinete Pálido” sobre todo, y nos ofrece una puesta en escena oscura, desolada y áspera. Hay un trasfondo de melancolía crepuscular durante toda le película que, poco a poco, va desarrollando un brutal crescendo emocional. Eastwood dibuja, como en él es costumbre, la ambigüedad moral de sus personajes a la perfección. Se llevó un merecidísimo Oscar a la mejor dirección en virtud del colosal manejo de esta historia de antihéroes en busca de redención.

Actuaciones: Un apartado absolutamente brillante. Podría haberse llevado, si hubiera existido, un Oscar a la mejor interpretación coral. Todo es majestuoso en las actuaciones. El Oscar lo ganó Gene Hackman por su portentosa recreación del terrible sheriff Little Bill, pavorosamente cruel. Sin embargo los otros intérpretes están a la misma altura. Clint Eastwood borda el ya mítico personaje de Will Munny aunando decadencia, dilemas morales y una melancólica furia que surge fantasmagórica de su horrible pasado; una de sus mejores actuaciones. Lo mismo casi se podría decir de Morgan Freeman en su interpretación de Ned, si bien este personaje es algo más luminoso y menos carcomido por sus demonios interiores.
A Kid lo interpreta Jaimz Woolvett, actor que más allá de “Sin Perdón” no ha hecho nada relevante, aunque su actuación como arrogante cazarrecompensas es razonablemente buena. El personaje, por cierto, también es más complejo de lo que parece. Mención especial para Richard Harris y su buena interpretación de Bob El Inglés, un pistolero violento y de pátina aristocrática que resulta ser un excelente papel secundario. Incluso podríamos hablar de su biógrafo (sí, biógrafo), el señor Beauchamp (Saul Rubinek); quizá el único aspirante a rapsoda de toda esta oscura historia.

Guion: En primer lugar partimos de un lugar asiduo del cine negro. Cuando el pasado parecía ya cosa cerrada, resulta que vuelve a aparecer acercándose desde el horizonte. The Kid encuentra a Will y le vuelve a recordar su pasado de pistolero, comenzando un proceso imparable de pugna interior. Eso nos lleva a, quizá, el gran tema de la película: la redención. ¿Puede un sanguinario asesino ser un tierno esposo y un padre dedicado sin ninguna doblez? ¿No permanecerá el instinto violento dormido y al acecho? Esa pugna interior de Will le da una doble significación, una interesante ambigüedad muy del gusto de Clint Eastwood. Tengamos en cuenta también que es un guion, como ya hemos repetido, muy desmitificador. Olvídense dela épica, o al menos de la épica al uso, en “Sin Perdón” no hay héroes sin tacha. Todo es mucho más oscuro. Por cierto, el guionista (David Webb Peoples) es el mismo que coescribió “Blade Runner” (1982) y “Doce Monos” (1995); convendría erigirle un monumento.

Factura Técnica: Visualmente es una mezcla de paisajes crepusculares, cielos nublados y tétricas noches lluviosas. Hay una lobreguez general, melancólica y algo decadente que da a la película una marcada personalidad visual. Algunos Planos nocturnos de Big Whiskey producen un hipnotismo escalofriante. Si a esto unimos el uso de la banda sonora, suave pero de buenas atmósferas, y el uso del sonido (véase el viento o la lluvia) tenemos a un conjunto altamente sugerente.

ZONA SPOILER

-No hay más el inicio de la película para darnos cuenta del aspecto decadente, al menos físicamente hablando, de Will Munny. Apenas si puede dominas a unos cerdos y le cuesta horrores subirse a un caballo. Pocos western más crepusculares que éste.

-Cuando alguien se repite a sí mismo algo muchas veces, es señal de que no está muy seguro de ello. Will asegura que a pesar de haber aceptado el encargo, él ha cambiado y ya no es él criminal de antes, pero se nota que no está seguro. Prevemos que su parte oscura acabará saliendo a la luz

-Más desmitificación: Dos ancianos y un joven (con un importante defecto visual) tienen que asesinar a unos vaqueros que han herido y marcado a unas putas. Desde luego no son los personajes y el argumento del western clásico. La forma en la que matan al primer vaquero es torpe y cruel, pero nada comparado al asesinato del segundo vaquero en….el cagadero. Por cierto, el que realmente ha cambiado es Ned. El sí que es ahora incapaz de matar.

-Menudo personaje es el de Bob el Inglés (un impecable Richard Harris). Un violento y letal caballero victoriano. Hasta que se encuentra con Little Bill, un sheriff tan sádico que está más cerca de ser un personaje maléfico que un representante de la ley.

-La llegada y primera noche en Big Whiskey es absolutamente lóbrega. Entreveren la noche de tormenta, la enfermedad de Will y la paliza de Little Bill. Todo tiene un talante y un aspecto nocturno y sombrío. La convalecencia de Will es aterradora, llena de alucinaciones y tormento físico.

-Desoladora es la parte en que Will y Kid están bajo un árbol esperando a que una de las putas les traiga el dinero de la recompensa. Will reflexiona sobre lo que significa matar a un hombre, dejando una frase absolutamente brillante y terrible: “Matar a un hombre es muy duro, no solamente le quitas lo que tiene sino todo lo que podría llegar a tener”. El chico se derrumba y dice que no quiere ser como Will. En cuanto llega la mujer con la recompensa y le cuenta a Will que Little Bill ha capturado, torturado y matado a Ned, se produce la transformación. Nos damos cuenta de que Will coge el whisky y empieza a beber, su expresión se transforma y nos damos cuenta de que el lado oscuro ha vuelto. Will Munny vuelve a ser letal.

Escena favorita

Los minutos finales son espectacularmente intensos. Will vuelve a Big Whiskey a acabar con Little y sus compinches. Mediante un plano subjetivo vemos como se adentra en el pueblo y que han colocado a Ned en un ataúd abierto al lado de saloon. Clint Eastwood  nunca ha dado tanto miedo como en los cinco últimos minutos. Acaba, literalmente con todos, menos Beauchamp. Da igual que estuvieran armados o no, la bestia había vuelto. Y los atemorizados colaboradores de Little Bill que quedan les está particular orden: “…y una cosa más, si alguna vez volvéis a maltratar a una puta, volveré y acabaré con todos; hijos de perra”. Y es espectador se siente empequeñecido, boquiabierto, casi amedrentado. Un último plano explicativo nos vuelve a llevar a ambigüedad del Will Manny.

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