martes, 8 de enero de 2019

Asesinato en el Orient Express (1974)


Título Original: Murder on the Orient Express.

Género: Intriga.

Dirección: Sidney Lumet.

Intérpretes: Albert Finney, Martin Balsam, Ingrid Bergman, Lauren Bacall.

Nacionalidad: Británica.



Impresiones

Es curioso que, aun siendo una de las películas más populares de Sidney Lumet, “Asesinato en el Orient Express” no roce el estatus de película grande. Evidentemente no digo grande en cuanto a presupuesto o recursos, sino que más bien me refiero a la valoración eminentemente cinematográfica. Lumet acostumbra o bien a ser más introspectivo, o bien a dejar una cuota importante de “mensaje”; ahí tenemos a, p.ej.: “Doce Hombres sin Piedad” (1957), “El Prestamista” (1964), “Serpico” (1973) o “Veredicto Final” (1982). Sin duda películas muy interesantes y justamente elogiadas. Sin embargo “Asesinato en el Orient Express” parece ser la hermana menor, seguramente por ser una película esencialmente evasiva, de puro entretenimiento.

Niego la mayor; el cine de la torre de marfil, entretenido y evasivo es tan elevado como cualquier arriscada deriva metafísica o zozobra de lo sublime, lo que me lleva a considerar “Asesinato en el Orient Express” una destacadísima obra dentro de la cinematografía de Lumet. Si se deciden a pagar la cuota de la suspensión de incredulidad, cosa considerada de poco valor de forma inexplicable, obtendrán a cambio una recompensa cuantiosísima y digna de disfrutarse.



Esta película tiene una serie de elementos que inevitablemente me encandilan. Algo de exotismo (desde Estambul a la nevada Yugoeslavia), la belleza decadente del periodo de entreguerras, un tren (¿hay algo más cinematográfico que un tren?) y la presencia de la nieve como decorado y parte implicada en la trama. Y por cierto, también me gusta el Poirot histrión, teatral y algo pueril de Albert Finney; me gusta la trama improbable y alambicada; y me gusta la constelación de estrellas presentes en el reparto.



Decía que el personaje de Hércules Poirot es algo pueril por algunas actitudes durante la película, a veces parece un niño jugando una aventura imaginaria más que un detective resolviendo un asesinato. Sin embargo ese toque le da un carácter excéntrico, único. En cuanto a la rebuscada y rocambolesca trama, cumple muchos de los preceptos de la novela policíaca “whodunnit” en general y de Agatha Christie en particular. Si este final les parece chocante, échenle un ojo a la novela “El Asesinato de Roger Ackroyd” y ya me dicen. No tengo nada en contra de estos cánones, de modo que no me llevo a engaño; me dejo llevar por las propias inercias de la película.

Probablemente sea mi adaptación de Hercules Poirot favorita, con una leve ventaja sobre “Muerte en el Nilo” (1978) donde al detective belga lo interpreta el gran Peter Ustinov. Si hablamos de Agatha Christie en general, en mi escala personal, empataría con la magistral “Testigo de Cargo” (1957) del enorme Billy Wilder. En cualquier caso “Asesinato en el Orient Express” puede presumir de una artesanía aristocrática y de la virtud de solazarnos con un entretenimiento de inteligencia a prueba de balas.



Hercules Poirot es un afamadísimo detective que debe volver desde Turquía, donde ha estado trabajando, a Inglaterra, donde el deber le aguarda nuevamente, mediante el tren Orient Express. Lógicamente el tren le llevaría hasta Calais y desde allí iría por medios marítimos. Cuando van por Yugoeslavia el tren no puede continuar debido a una abundantísima nevada, pero es que además hay un asesino entre el pasaje; uno de los pasajeros aparece apuñalado. Sin duda el esclarecimiento del crimen es una tarea para Monsieur Poirot.



Análisis

Dirección: La película presenta un desafío técnico que consiste en desarrollar la acción en un lugar de espacio reducido (un tren), que conlleva el problema de dónde colocar la cámara y plasmar la puesta en escena sin llegar a ser rutinario. Afortunadamente Sidney Lumet ya resolvió admirablemente  un problema similar en “Doce Hombres sin Piedad”. También hay momento de cierta adversidad técnica en las secuencias donde hay un parlamento de cuantiosa longitud por parte de alguno de los personajes, donde aparte de rodar sin tacha durante un tiempo prolongado, hay que jugar con el fuera de pantalla casi del resto. La narración es magnífica y es capaz de embelesarnos intensa y fluidamente mediante la mano de un director con un asiento entre los grandes.

Actuaciones: El repertorio de estrellas es difícilmente parangonable con casi cualquier película que se nos pueda ocurrir, aunque en los años setenta no era infrecuente reunir a una pléyade de figuras como reclamo; piensen en el cine de catástrofes y en películas como “El Coloso en Llamas” (1974). En este caso que nos ocupa, me es imposible reproducir el reparto y no empezar a ensalivar: Albert Finney, Ingrid Bergman (que se llevó un Óscar), Lauren Bacall, Sean Connery, Anthony Perkins, Martin Balsam, Richard Widmark, Vanessa Redgrave, Jacqueline Bisset, Michael York… Algunos cuadran perfectamente en el papel que se les encomienda, por ejemplo Anthony Perkins, y otros quizá no tanto, como Ingrid Bergman, aunque se llevase el premio de la Academia. Sin embargo la solvencia, y en algunos casos los destellos de genialidad, está garantizada con este reparto.
Albert Finney compone un papel de  Hercules Poirot teatral, de ademanes exagerados, travieso, y algo infantil a veces (ya veremos en el spoiler). Y sin embargo me encanta; da un toque de humor, de deliciosa ironía que se hace plenamente disfrutable a base de encanto y tablas. Otros personajes a destacar pueden ser la pelma de la señora Hubbard (Lauren Bacall), el temperamental Coronel Arbuthnot (Sean Connery), el expectante pez gordo de la compañía de ferrocarriles señor Bianchi (Martin Balsam), o el introvertido McQueen (Anthony Perkins). Todo un activo este reparto, toda vez que no son estrellas de garrafón; ya habían demostrado antes su talento.

Guion: Muchos sospechosos, ambientación sofisticada, gracejo en la pesquisas y extraordinarias dotes deductivas. Salvo por algunos detalles, la adaptación de la novela de Agatha Christie es bastante fiel. Tiene la originalidad de que la peripecia se ocasione en un tren retenido por la nieve. Me encanta la presencia de un tren en una película, tienen un encanto especial y han alojado no pocas escenas memorables de la historia del cine. Acción, lo que se dice acción, no hay mucha pero no hace mucha falta; la agilidad de los diálogos, el diferente tono de los interrogatorios y la dosificación de la información nos mantienen estáticos frente a la pantalla. Ya les aviso que si les repele lo inverosímil esta película les causará alergia y todo tipo de estragos, yo personalmente me dejo llevar por el ingenio y fabulación incluso en su lado más alambicado. Sobre todo si se plasma con el debido talento, no creo que “Asesinato en el Orient Express” incurra en el disparate. Además el desenlace es ya historia del cine y la literatura.

Factura Técnica: Sin ser un aspecto particularmente relevante, tiene elementos que me gustan mucho. La dirección artística es de primera; echen un ojo al lujo de detalles de la pintoresca estación de Estambul o al rancio abolengo ferroviario que destillan las escenas del tren. Por otro lado el tema principal de la banda sonora, de Richard Rodney Bennet, es una auténtica delicia, ampulosamente adecuado para película.

ZONA SPOILER

-Sí, ya he dicho que este Poirot es un poco infantiloide: vean si no el inicio en el restaurante, cuando se encuentra con Bianchi ,o cómo se ríe cuando encuentra el uniforme de empleado del tren. Los ademanes del Albert Finney son teatrales, pero en conjunto es un Hercules Poirot entrañable y, cuando hace falta, incisivo.

-Porque es evidente que, aunque en su interior esté elucubrando, hay algunos sospechosos que le son más simpáticos que otros. Comparen el suave interrogatorio que hace Poirot con Pierre Michel (Jean Pierre Cassel, el padre de Vicent Cassel), el encargado del coche cama, con el casi hostil del coronel Arbuthnot. En el fondo esta variedad evita cualquier tipo de monotonía.

-¿Soy yo, o el resumen inicial con el secuestro y asesinato de Daisy Armstrong da mal rollo?

-La unidad de lugar le da un aire teatral a la historia que, de hecho, me agrada.

-Que todos sean culpables, o al menos todos han participado apuñalando a Ratchett/Casetti, no puede negarse que sea original. Hoy lo asumimos debido a que se ha convertido en un clásico, pero desde luego es inusual.

-Si esperan que exponga el algoritmo “Poirot” para la resolución del crimen van de cráneo. Entre otras cosas incluye información de última hora que solo él conoce, giros inextricables y un montón de detalles desperdigados cuya coyunda nos haría salir humor de la cabeza. Y sin embargo la resolución me seduce, me atrapa, como si me dejara llevar por el truco sin tratar de conocer los resortes del mago. Sobre todo porque…

Escena Favorita

A que la resolución sea incluso creíble ayuda el hecho de que la misma esté filmada de forma admirable. Está hecha a base de largas secuencias, donde la interpretación de Finney es absolutamente rotunda. Además técnicamente, como decía antes, tiene su intríngulis técnico. No podemos dejar de mencionar el dilema moral que supone optar por la solución simple del mafioso en lugar de por la real. Poirot, confuso, opta porque sea Bianchi quien decida. Para evitar escándalos elige la primera resolución. Hay un momento en que Poirot, una vez tomada la decisión, mira no del todo satisfecho al pasaje del tren y dice abiertamente que tendrán que luchar contra sus escrúpulos para redactar su informe. Ratchett/Casetti era un asesino despiadado, pero ello no quita que todo pasaje del vagón de Calais sean también unos asesinos. Mientras tanto el espectador se queda meditando…

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